Archivado en: Uncategorized
¿Y quién dijo que la falta de rutina implique más rutina?
Una semana que ha sido siete días insulsos, paralizados, sin pena ni gloria en la que apoyarse para soportar otra de una temporada a la que me presento escéptico. Y no sin razón. Te lo dejo todo a ti.
El autor del post se siente apático, y me ha dicho que no es por cansancio, que lo adora por cierto, sino más bien por una falta de obligaciones inquietantemente preocupantes. Aún no ha recibido noticia alguna de unos exámenes que hace aproximadamente un mes que están recorriendo el trayecto Madrid-Barcelona-Paris. Llegaran a mediados de julio, como una jarra de agua fría en… ¿verano?, se ha preguntado mirando hacia el techo, como si la espada de Damocles que siempre ha llevado puesta se hubiera transformado en una preciosa y retorcida jarra de cristal de bohemia llena de un agua color a resultado. Valga la redundancia, se ha dicho para si mismo sin que yo lo oyera, y que valga también el miedo a coger un resfriado, o una pulmonía.
Entonces ha levantado los brazos y ha intentado coger la jarra a modo de estiramiento. Acto seguido, ha suspirado. Su mirada sombría ya por la falta de sueño se clavaba en mí, no había lugar a duda, le tocaba a Sociedad.
Y cito : “Conocidos, amigos, familiares, cada uno en su burbuja en el mar de Sociedad, (Sociedad por cierto, dejas mucho que desear). De trance en una zona muerta llamada espera… deseando un fugaz julio, un intenso agosto y un agridulce septiembre-junio”.
A la pregunta “¿Y quién dijo que la falta de rutina implique más rutina? “ ha respondido que él no.
Archivado en: General
Sex and the city: The movie
Critica nº1
Porque es mejor despertar.
Ayer fui al cine. Quería mirar algo que no me obligase a pensar, a forzar el cortex filosófico. Una vez más. Pero estoy aquí.
Me gustó, me gustó y mucho, siempre teniendo en cuenta que es la película de Sex and the city, y que uno no va a encontrarse a una sociedad en apuros, agobiada por la presión económica-financiera y cuya única preocupación es el desorden sentimental.
A la yugular.
Efectivamente, Manolos , Gucci’s, Vuitton’s, Versaces, infinidad de lujo que asoma la cabeza hasta en las cerraduras de las puertas. Áticos de ensueño, en una ciudad de ensueño. Y lo peor, gente de ensueño. Jet set empresarial, dioses del sexo, detallistas. Mujeres devotas por la moda que en la mayor parte del tiempo van vestidas con prendas que hasta yo me pondría, solo para saber que se siente. Tan solo un esqueje de unas vidas efímeras, infelices, psicológicamente adulteradas, reflejo de nada.
Personas que para saciar su ansiedad de amor, de sexo, de comprensión, deben comprar. Personas sentimentalmente inestables, hasta caóticas en algunos casos, incapaces de expresarse sin un código numérico de más de seis ceros en el banco.
La primera reacción es desear esta vida, y cualquiera que no la tenga seguramente la desea. Estoy escribiendo esto para convencerme de que no es lo que quiero. Siempre exceptuando que ocurra en París, ya que cualquier cosa que ocurra en París me interesa (suspiro del autor del post). ¿Mi vida reducida en un ático en Manhattan, multitud de líos amorosos y un trabajo que en varias ocasiones interfiere con todo lo anterior? Lo rechazo todo (excepto la situación laboral, y si, puede parecer frappant, pero es fruto de una visión poco pragmática de la vida).
Cuando se es hipócrita hasta con sus pensamientos, hay un problema que requiere atención. No se debe tomar este post como una crítica a la película, es muy buena y digna de la serie, recomiendo ir a verla, ni como una crítica a una sociedad que, efectivamente existe, pero que poco tiene que ver con lo plasmado en el film. El ser humano, ese gran desconocido, siempre ansía lo que no tiene, y poco le importa si eso pudiera influir negativamente en su vida.
Ayer a las 9 de la noche hubiera firmado un pacto con el diablo para ser trasladado hipersónicamente a 5th Avenue, ahora, a las 10:29 del día siguiente, no. 12 horas he tardado en darme cuenta, en organizar mis ideas. Pero lo que realmente me preocupa es que, en la vida, firmas con el diablo que puedan posponerse durante doce horas no existen. Y tengo miedo de garabatear donde en realidad no quiero.
Archivado en: Uncategorized
Disproportion de l’homme. — Que l’homme contemple donc la nature entière dans sa haute et pleine majesté, qu’il éloigne sa vue des objets bas qui l’environnent. Qu’il regarde cette éclatante lumière, mise comme une lampe éternelle pour éclairer l’univers, que la terre lui paraisse comme un point au prix du vaste tour que cet astre décrit et qu’il s’étonne de ce que ce vaste tour lui-même n’est qu’une pointe très délicate à l’égard de celui que les astres qui roulent dans le firmament embrassent. Mais si notre vue s’arrête là, que l’imagination passe outre ; elle se lassera plutôt de concevoir, que la nature de fournir. Tout ce monde visible n’est qu’un trait imperceptible dans l’ample sein de la nature. Nulle idée n’en approche. Nous avons beau enfler nos conceptions au-delà des espaces imaginables, nous n’enfantons que des atomes, au prix de la réalité des choses. C’est une sphère dont le centre est partout, la circonférence nulle part. Enfin, c’est le plus grand caractère sensible de la toute-puissance de Dieu, que notre imagination se perde dans cette pensée.
Que l’homme, étant revenu à soi, considère ce qu’il est au prix de ce qui est; qu’il se regarde comme égaré dans ce canton détourné de la nature ; et que de ce petit cachot où il se trouve logé, j’entends l’univers, il apprenne à estimer la terre, les royaumes, les villes et soi-même son juste prix.
Qu’est-ce qu’un homme dans l’infini ?
Mais pour lui présenter un autre prodige aussi étonnant, qu’il recherche dans ce qu’il connaît les choses les plus délicates. Qu’un ciron lui offre dans la petitesse de son corps des parties incomparablement plus petites, des jambes avec des jointures, des veines dans ses jambes, du sang dans ses veines, des humeurs dans ce sang, des gouttes dans ses humeurs, des vapeurs dans ces gouttes ; que, divisant encore ces dernières choses, il épuise ses forces en ces conceptions, et que le dernier objet où il peut arriver soit maintenant celui de notre discours ; il pensera peut-être que c’est là l’extrême petitesse de la nature. Je veux lui faire voir là dedans un abîme nouveau. Je lui veux peindre non seulement l’univers visible, mais l’immensité qu’on peut concevoir de la nature, dans l’enceinte de ce raccourci d’atome. Qu’il y voie une infinité d’univers, dont chacun a son firmament, ses planètes, sa terre, en la même proportion que le monde visible; dans cette terre, des animaux, et enfin des cirons, dans lesquels il retrouvera ce que les premiers ont donné ; et trouvant encore dans les autres la même chose sans fin et sans repos, qu’il se perde dans ses merveilles, aussi étonnantes dans leur petitesse que les autres par leur étendue; car qui n’admirera que notre corps, qui tantôt n’était pas perceptible dans l’univers, imperceptible lui-même dans le sein du tout, soit à présent un colosse, un monde, ou plutôt un tout, à l’égard du néant où l’on ne peut arriver ?
Qui se considérera de la sorte s’effraiera de soi-même, et, se considérant soutenu dans la masse que la nature lui a donnée, entre ces deux abîmes de l’infini et du néant, il tremblera dans la vue de ces merveilles ; et je crois que, sa curiosité se changeant en admiration, il sera plus disposé à les contempler en silence qu’à les rechercher avec présomption.
Car enfin qu’est-ce que l’homme dans la nature ? Un néant à l’égard de l’infini, un tout à l’égard du néant, un milieu entre rien et tout. Infiniment éloigné de comprendre les extrêmes, la fin des choses et leur principe sont pour lui invinciblement cachés dans un secret impénétrable, également incapable de voir le néant d’où il est tiré, et l’infini où il est englouti.
Creo que dejando este texto hay para rato no?